Los dioses los saben y yo también…




Esa privacidad que suavemente atormenta
que nunca pierdo los colores en estos sueños
de los labios y que llamo desde la humedad
cuando todos los rocíos apremian
limitando la carne a la agonía, ingenua
alma que enmudece y duele.
Ver la cima no es suficiente para volar,
mientras la dureza del aire
toma formas relativas a las quebradas,
en mis labios se derrama adultero
el azahar, los ebrios atardeceres,
el latir, los gritos, el fuego,
tu cuerpo, el silencio, el amargo
delirio y te reviento mientras
muero y amanezco, convirtiendo
todos los otoños en intentos de sobrevivir,
y es que los sueños viven clavados en la memoria,
y tocan el aire y respiran y lloran y nunca muren…
Aprieto todos los músculos al unisonó,
en este temblor que nada dentro en un universo
de versos, esa delgada línea donde aún estoy
rozando las espinas cándidas, donde se engendran
todas las quimeras,  esas entrañas que tibias aman.




Misk

1 comentarios:

Luis de Burg dijo...

"...convirtiendo todos los otoños en intentos de sobrevivir..." sólo esta línea, tan sólo esta, es la pieza más importante de tu verso, quizás porque el final estoy sumergidos en ellos, en aquellos otoños que no acaban nunca, y que deseo con todas mis fuerzas en sobrevivir, quizás me he sentido más que identificado, estoy completamente encarnado en la espera de una nueva primavera, pero sé que al terminar el otoño, sólo el invierno asomará y me terminará matando sin piedad, porque si el otoño casi me ha matado, con la llegada del invierno no sobreviviré jamás...... un beso

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