Quémame

.
 .  
Aplasta la línea que une el cerebro
con el hueso redondo y fúnebre
que sacude en tu presencia los angostos
y pesados caminos del gusto y la ignorancia.

Quémame mientras roes con alevosía
el barnizado cuerpo que fue prendido
en el rocío, humedecido en las formas
vírgenes de tus manos arqueadas.

Séllame y diluye en mi tú nombre
mientras riegas y siembras las armaduras
que dejaran mi cuerpo entre las rejas
de tu corazón mortal.

Sumérgete durante el divino momento
en que las intensidades mutuas irrumpen
y se funden emigrando tímidas, hacía
las lianas suspendidas  en la llanura

de fuego, ahogándose salvajes, ciegas
en esas manos y uñas que estallan
en la piel y obreras escriben un rostro
que marco para siempre mi destino

.
.

Misk
.
.

1 comentarios:

Fran Picón dijo...

Hermoso poema, cada vez eres más intensa y emotiva, más poeta, un placer leerte

Publicar un comentario